viernes, 27 de junio de 2014

El arte de negociar con los niños (parte 2)

Cuando los niños comienzan a comprender más y mejor el lenguaje, y así mismo, comienzan a expresarse, es también cuando se intensifican los berrinches, los cuales mayormente, son la manifestación de la frustración cuando no se obtiene lo deseado, ya que en esa edad los niños poseen un pensamiento egocéntrico y son sus deseos y necesidades las que imperan. Esto ocurre alrededor de los tres años.

Es entonces el momento de introducir reglas y límites, de ayudar a nuestros niños a diferenciar lo adecuado de lo inadecuado, la etapa en la que el niño comienza a discernir jerarquías y roles. Es también la etapa en la que el niño desarrolla iniciativa y al mismo tiempo comienza a conocer los sentimientos de culpa a partir de las respuestas (o reacciones) emocionales que obtiene de la sociedad sobre sus conductas. Trataré de desglosar lo anterior con ejemplos prácticos:

Iniciativa: Se adquiere a partir de que el niño ha logrado madurar muchos movimientos, ha desarrollado la marcha (aprende a caminar). Es entonces cuando intenta cosas por sí mismo, desea experimentar, mayormente a través de sus sentidos y su cuerpo, por ejemplo: trepar un árbol, trepar muebles... lo cual nos lleva a la siguiente parte...

Así lucía el LÍMITE México-USA por Playas de Tijuana
Reglas, límites, jerarquías, roles: a partir de las nuevas experiencias que el niño busca, los adultos a su alrededor responden. Le indican que sí y que no hacer. Lo aprueban o desaprueban y muestran de alguna manera el control o poder sobre el niño, muestran "quien manda aquí". Siguiendo con el ejemplo, el niño trepa, el adulto le responde/reacciona: ¡No, bájate de ahí!
Para este punto obviamente puede haber muchas opciones de qué y cómo decirlo, incluso en algunos casos el mismo adulto baje al niño de donde trepó, otros opten por dar un golpe, otros tal vez lo ignoren… infinidad de respuestas/reacciones.

Culpa: La manera en la que decimos lo anterior viene cargada de emociones, al  momento en que le decimos "¡No, bájate de ahí!" podemos decirlo cargado de miedo, de enojo, frustración o habrá a quien les gane la risa. En el caso de que la emoción, las palabras y acciones que tomemos, desaprueben la conducta, el niño desarrollará cierta culpa, vergüenza. Sobre todo partiendo de que cuando el niño decidió trepar, lo último que pensó fue que con esto "dañaría" o "afectaría" al adulto, por lo general un adulto significativo: la madre, el padre...

Todo esto forja la personalidad del niño y futuro adulto, la iniciativa de hoy será la del futuro. Lo mal que se siente hoy por sus "errores", puede estarlo 'revivenciando' de por vida. La manera en que reaccionemos o respondamos, será una clave para que el niño desarrolle iniciativa, para que planee y prevea, se forma una relación con la autoridad que tiende a perpetrarse con otras autoridades con las que trate más adelante en su vida. De cierta manera será un factor para que él niño continúe explorando o no, siempre les digo a los papás en consulta: “hoy su niño decide sin temor: voy a trepar ese árbol, mañana puede tratarse de me voy al extranjero a estudiar una maestría", así, con el mismo entusiasmo, determinación, propósito.... 

Como verán es un tema complejo.

Mucho gusto, soy E.Erikson
Todo esto, desde luego que yo no lo inventé. Está basado en la teoría de desarrollopsicosocial de Erik Erikson. Erikson plantea cada etapa como una "crisis" en la que debes encontrar el equilibrio y desarrollar una virtud. En este caso el equilibrio entre la iniciativa y la culpa. Es decir, que no se nos pase la mano en ninguna de las dos.

Pues bien, en el arte de encontrar el balance entre ambas, yo me cargue demasiado hacia la iniciativa de Luciana. Ante sus conductas inadecuadas o de peligro yo trataba de reaccionar con toda calma, de explicarle las razones por la cual la prohibición, aun cuando "era muy pequeña para entender", en ocasiones trataba de reemplazar aquello que hacía por algo que le resultase atractivo, otras tantas negociaba con ella, mi idea era hacerle ver que no desaprobaba sus decisiones, pero era necesario que fueran revisadas, al mismo tiempo deseaba redirigir, y no reprimir, su entusiasmo, creatividad, determinación.... Por otra parte quise envestir mi autoridad de empatía, establecer un canal de comunicación bi-dereccional y me volví MASTER.





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