sábado, 28 de abril de 2012

El embrujo de las palabras. Parte 2.

 Consideraciones sobre que palabras usar para hablarles a los niños.

La mente humana es un terreno fértil para cualquier tipo de semillas “buenas” o “malas”, las semillas resultan ser tanto las experiencias como las palabras. 

Al ser niños es aún más fácil ser embrujados por las palabras que escuchamos, y sobretodo cuando vienen de los que en ese momento son los seres más importantes y poderosos a los ojos del niño: los padres.

Es por eso que cada palabra de una madre o padre, y el sentimiento que la acompaña tiene una fuerza descomunal y determinante en la vida de los hijos. Esto será factor clave en la personalidad en formación de los niños. Nada de que “está chiquito”, “no entiende” o “no sabe”, yo soy partidaria de ver a los hijos y a los niños en general con respeto e igualdad de valor. 

En general hay embrujos de magia blanca y embrujos de magia negra, o embrujos que tienen buena intención y se quedan a medias o acaban no de la mejor manera, aquí algunos ejemplos:


1.- El concepto de belleza. Decirle a los niños que se ven muy “bonitos”, “hermosos”, “guapos”, sólo cuando están arreglados para salir, como si su guapura radicara en el arreglo y no en ellos mismos. Por eso procuro decirle a Luciana que luce hermosa, en muchos momentos, incluso en pijama o cuando elige sus combinaciones extrañas. 

2.-  El concepto del valor. Usar como halagos sólo los anteriores (bonita, hermosa), sobre todo con las niñas, como si sólo en eso radicara su valor, y este 20 me cayó viendo la película “The Help”, por eso trato de decirle a Luciana muchos otros halagos, como en la película: “you’re kind, you’re smart, you’re important”, le digo que es valiente, es fuerte, es amable, inteligente, etc.
   

3.- Etiquetas. Más que dicho está que se deben evitar lanzar los embrujos que etiquetan, como: “que fea”, “que cochina”, “que enfadosa”, etc. Leí algo al respecto en el libro “Los cuatro acuerdos”, de Miguel Ruíz (link para descarga), y fue de donde tomé la analogía de “los hechizos de las palabras”, en el primer acuerdo: “sé impecable con tus palabras”, pone el ejemplo de una niña que le gustaba mucho cantar, un día su mamá estresada, le gritó “que feo cantas, ya cállate” desde ese día dejó de cantar,  y ni pensar en profesionalizarse al respecto. En primer lugar, tratar de no transmitir mensajes que nazcan de las emociones negativas como el estrés, desesperación y enojo, y en segundo, se debe etiquetar la conducta, no al niño, por ejemplo: en lugar de “¡que cochino eres!”, podemos decir “la mesa está muy sucia, hay que limpiar, hay que tener cuidado”, volvemos al punto del respeto, ¿a ti te gustaría que te dijeran fea(o) o cochina(o)?  


4.- Ser supremos y poderosos. Como ya les comenté en el post de ¡CALLATE!, yo personalmente, voy en contra del “no me hablas así que soy tu madre “soy tu madre y me respetas”, “respeta a tus mayores”, “obedéceme”, como si por el hecho de ser adulto y repartir y combinar material genético el padre o la madre tuviera "la verdad oculta", no voy en contra del respeto y cordialidad, voy en contra de que el respeto radique en la diferencia de edades o en las “jerarquías”, la diferencia debe radicar en una decisión consciente y amorosa de respetar y amar, saber que el respeto venga de sentirse respetado, escuchado, tomado en cuenta, valorado, amado, y no es irrespetuoso el NO estar de acuerdo el uno con el otro, es algo así como “No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo” (Voltaire).

                              

Es algo complejo, pero básicamente antes de censurar a Luciana trato de comprenderla, explicarle, y redirigir los afectos que pueden estar detrás de sus conductas inadecuadas, al fin de cuentas ella también tiene derecho a enojarse, y dentro de lo que cabe de acuerdo a su edad tiene derecho a ir formando su propio criterio.  Como antes he dicho, esas afirmaciones llevan al niño a sentir, inconscientemente, que no pueden superar al padre. Ya sin tanto rollo, un ejemplo en concreto es cuando Luciana, muy enojada, nos ha pegado, le detenemos la mano y le decimos ALTO con firmeza, le explicamos “yo no te pego, te trato con cariño, puedes estar enojada, pero no puedes lastimar sin razón”, lo que comúnmente se escucha es "a mamá no se le pega"; ya poniéndome muy intensa, en ese u otro momento le explico que pegar es sólo necesario cuando la atacan y no puede tener ayuda y la he enseñado a empujar y decir “aléjate”… Algunos se han reído de mí cuando me escuchan, otros se han asombrado y me han dicho “con razón mi niño nunca se defiende, se deja golpear”. Pero reitero, cada quien es libre de educar a sus hijos como mejor le parezca. 

5.- Sustitución del NO por ALTO o la explicación en afirmación, por ejemplo en lugar de "NO te subas", sería "bájate, por favor" (una afirmación), o el mejor de los casos sería ayudar al niño a subir (aplicando el criterio) el NO los puede hacer sentir/pensar que su iniciativa esta siendo desaprobada, queremos hacerle saber los peligros y no enviarle el mensaje de que tener iniciativa en la vida y explorar es algo inaceptable. Excepto cuando intencional y concientemente el niño incurre en conductas inadecuadas, o bien son en extremo peligrosas, como atravesar corriendo la calle.

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