viernes, 10 de febrero de 2012

Uki: ¿Cómo se llama tu mamá?, ¿Cómo se llama tu maestra? same answer (vol.I)



Luciana estuvo bajo cuidado exclusivo de sus padres hasta los 2 años de edad, ya que es lo mas recomendable para el desarrollo psico-social del niño. Éste es el tiempo de establecer su seguridad, su confianza básica: en sus padres, en ella, en el mundo que la rodea; tiempo importante para continuar su vinculación igualmente con sus figuras paternas. Esto versus a los 42 días que amablemente nos otorgan de "incapacidad por maternidad", las leyes mexicanas. Así que Adán y yo decidimos renunciar a algunos pe$os y 'lujitos' procurando el bienestar de la niña, si pueden, háganlo por sus hijos. Mis fuentes: Erik Erkson y su teoría de desarrollo psico-social, y, Laura Rincón y sus publicaciones sobre el trastorno de vinculación y la terapia de contención. Veamos un poco las diferencias, Canada, uno de los países considerados como mas seguros y pacíficos para vivir, considera el permiso de maternidad como una práctica clave para el balance de las familias y por lo tanto de los trabajos de los adultos, otorga hasta 11 semanas previas al nacimiento como parte del permiso y hasta 52 semanas posteriores al nacimiento con goce de un porcentaje muy considerable de sueldo, y aumenta según el caso, además las empresas hacen un 'top-up', además es de los pocos países que también tiene consideraciones importantes con el padre, por lo que las guarderías prácticamente no existen, y aquí el IMSS gasta en ellas para que las madres estén trabajando. Así que ustedes juzguen...


En fin, continuando con lo acontecido actualmente en la vida de Luciana, entre los 1 y los 2 años estuvo en contacto constante con otros niños y siempre se mostró bien adaptada.  A los 2 años inició en “maternal”, previo al prescolar, ya que a los 3 años corresponde el 1er grado.

Ingresó a la misma escuela donde yo tengo un grupo de niños especiales, es bien sabido que no es favorable para los niños compartir el ambiente escolar con las figuras paternas, pues para ellos como niños puede ser confuso que haya figuras de autoridad, que estando su madre presente sobrepasen la propia autoridad de su madre, por ejemplo ¿Por qué esa señora me da una orden en lugar de mi madre? ¿Por qué mi madre la escucha y no hace nada? …entonces ¿cualquiera tiene poder sobre mí? También puede recibir mensajes como: Hay otros niños que son importantes para mi madre…incluso más que yo, pues en el mismo espacio, son otros los que reciben la atención. Además, en nuestro caso particular, al ser yo  maestra de los niños especiales ella observa: “las conductas inadecuadas son las que merecen atención, pues veo que mi madre reacciona ante ellas, un gran berrinche, subirme a la mesa, ignorar instrucciones es lo que me acercará a ella”, por poner algunos ejemplos.


Bueno, me arriesgué, llegábamos juntas, compartíamos recreos, entrada y salida. Todo marchaba de maravilla, ella estaba perfectamente adaptada, nada de lo anteriormente descrito parecía suceder, incluso una maestra nueva comentó que tardó en darse cuenta que Luciana y yo éramos madre e hija. A cualquier edad los niños pueden tener entendimiento y sobre todo, yo creo firmemente que mis mensajes quedaran en su subconsciente y ayudarán a poner orden a sus pensamientos y emociones tarde que temprano, así que frecuentemente, en el trayecto escuela-casa, mientras manejaba platicaba con Luciana, le explicaba que yo soy una psicóloga, mi trabajo es ayudar a niños que se les aprenden diferente, que están tristes o enojados, o a aquellos que se les dificulta hablar, como a Alex y Beto*…(los niños de mi grupo que ella también conoce),  también le decía “yo soy maestra de ellos, pero soy tu mamá, y tu eres lo mas importante para mí y te amo, ok?” luego iniciábamos un jueguito de pregunta respuesta “¿me quieres?, ¿me amas?”. Parecía que me entendía, asentía y sonreía.


En los momentos compartidos en la escuela trataba de hacerle un cariño, darle un beso y motivarla a jugar e integrarse a sus actividades, muy pocas veces era ella quien sentía esa necesidad, hubo ocasiones que me dijo “¡ya mamá!” apurada por jugar, y una vez, sentí roto mi corazón pues me dijo “¡déjame en paz!”, con la misma premura de aprovechar su recreo al máximo. Compartíamos perfectamente el espacio escolar, ¡Era una campeona!
Así transcurrieron 5 meses, hasta que llegó un fatídico lunes en que su maestra, por razones desconocidas, no se presentó a trabajar, por supuesto que el viernes anterior había sido quincena.


El grupo de pequeños emergentemente se funcionó con el mío, ahora era distinto, yo era su maestra y vivía de primera mano la atención compartida, observar que las conductas inadecuadas también eran dignas de atención, comenzó a demandar atención, a pedir en igualdad halagos y cariños para ella cuando otros los recibía, al igual que regaños y atención ante un berrinche, lanzar material, o subir a una mesa. En recreo me buscaba, y si alguien mas le llamaba la atención ella decía “¡no quiero!,¡mi mamá!”. No ha sido algo incontrolable, han transcurrido dos semanas entre entrevistas y pruebas para encontrar la maestra ideal para el grupo, pero mientras tanto, puedo ver que mensajes ambivalentes invaden su mente y su corazón, hemos tomado la determinación Adán y yo de sacarla de ese ambiente, no irá a otra escuela o guardería hasta que su lenguaje se encuentre más definido y puede decirme sin dudas sus experiencias, mas o menos a los 3 años SDQ, así que ira con las tías y abuela, tampoco es lo ideal, habrá menos estructura en su rutina y chiqueos, pero en este momento es lo mejor.


*Los nombres han sido cambiados.

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